Várices: causas y síntomas que conviene conocer
Entender las causas y los síntomas de las várices es el primer paso para cuidar tus piernas con criterio. Muchas personas conviven con venas dilatadas durante años sin saber por qué aparecen ni qué señales merecen atención.
En esta guía repasamos de forma clara y prudente por qué se forman las várices, cómo reconocer las primeras molestias y en qué momento tiene sentido acudir a un profesional de la salud.
¿Qué son las várices y por qué aparecen?
Las várices son venas superficiales que se han dilatado y vuelto visibles, normalmente en las piernas. Dentro de las venas hay pequeñas válvulas que impiden que la sangre retroceda mientras sube hacia el corazón. Cuando esas válvulas pierden eficacia, parte de la sangre se acumula, la vena se ensancha y termina notándose bajo la piel.
No hay una única causa: suele ser la suma de varios factores. La predisposición familiar es uno de los más importantes, pero el estilo de vida y ciertas etapas de la vida también pesan mucho en cómo y cuándo aparecen.
Factores que favorecen las várices
Estos son los factores que con más frecuencia se asocian a la aparición de várices:
- Herencia: tener familiares directos con várices aumenta la probabilidad.
- Sexo y hormonas: son más frecuentes en mujeres, y el embarazo o los cambios hormonales pueden influir.
- Edad: con los años las venas y sus válvulas pierden elasticidad.
- Estar mucho tiempo de pie o sentada: típico de ciertas profesiones.
- Sobrepeso y sedentarismo: añaden carga y restan tono a las piernas.
Algunos de estos factores no se pueden cambiar, pero otros sí. Trabajar sobre el movimiento y el peso no garantiza evitar las várices, pero puede aliviar molestias y ayudar a cuidar las piernas. Lo desarrollamos en la guía de prevención de várices.
Síntomas: cómo reconocer las primeras señales
Las várices no siempre empiezan como venas gruesas y visibles. A menudo las primeras señales son sensaciones más sutiles. Esta tabla resume los síntomas más habituales y lo que suelen indicar:
| Síntoma | Cómo se manifiesta |
|---|---|
| Pesadez | Piernas "cargadas", sobre todo al final del día o con calor. |
| Hinchazón | Ligera inflamación alrededor de los tobillos por la tarde. |
| Arañitas vasculares | Venas finas, rojizas o azuladas, visibles bajo la piel. |
| Venas dilatadas | Venas más gruesas y tortuosas que sobresalen. |
| Hormigueo o picor | Sensaciones en la zona donde se marcan las venas. |
| Calambres nocturnos | Contracciones en la pantorrilla, sobre todo de noche. |
Que aparezca alguno de estos signos no significa necesariamente un problema serio, pero sí es una invitación a cuidar más las piernas y a estar atenta a su evolución.
Tipos de várices más comunes
No todas las várices son iguales. De forma general se suelen distinguir varios grados según su tamaño y visibilidad:
- Arañitas vasculares (telangiectasias): las más finas y superficiales, a menudo un tema estético.
- Várices reticulares: venas azuladas de calibre medio bajo la piel.
- Várices tronculares: las más gruesas y visibles, que pueden dar más síntomas.
Clasificar el tipo y decidir si requiere algún abordaje médico es tarea de un profesional. El cuidado cosmético y los buenos hábitos acompañan el bienestar en cualquiera de estos casos, sin sustituir esa valoración.
¿Cuándo consultar a un profesional?
Conviene acudir a un profesional de la salud si notas venas que crecen rápidamente, dolor persistente, hinchazón que no baja con el reposo, cambios en el color de la piel de las piernas, sensación de calor o enrojecimiento en una vena, o cualquier signo que te preocupe.
Mientras tanto, cuidar la piel de las piernas con una crema cosmética de textura fresca, como Veniselle, y mantener hábitos activos son formas sensatas de sentirte mejor en el día a día. Recuerda: una crema cosmética cuida y aporta confort, pero no cura las várices.
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